Seguro has escuchado hablar de la diabetes toda tu vida. Puede que un familiar la tenga, que un vecino «se cuide del azúcar», o que tú mismo te hayas hecho un examen de sangre y te haya quedado dando vueltas esa palabra. Pero, ¿sabes realmente qué es y por qué vale la pena prestarle atención, incluso si hoy te sientes perfectamente bien?
Te lo cuento de forma sencilla.
¿Qué es la diabetes, en palabras simples?
Cuando comes, tu cuerpo transforma los alimentos en glucosa (azúcar), que es el combustible que usan tus células para funcionar. Para que esa glucosa pueda entrar a las células, necesitas una hormona llamada insulina, que produce el páncreas.
La diabetes aparece cuando el páncreas no produce suficiente insulina, o cuando el cuerpo no logra usarla bien. El resultado es que el azúcar se queda «atascada» en la sangre en lugar de entrar a las células, y con el tiempo esos niveles altos de azúcar terminan dañando corazón, vasos sanguíneos, ojos, riñones y nervios.
Existen principalmente dos tipos:
Diabetes tipo 1: el sistema de defensas del cuerpo destruye por error las células del páncreas que producen insulina. Por eso las personas con este tipo de diabetes necesitan administrarse insulina. Suele aparecer en niños o personas jóvenes y no se relaciona con el estilo de vida.
Diabetes tipo 2: es la más común, de lejos. Aquí el cuerpo sí produce insulina, pero no logra usarla bien (lo que se llama «resistencia a la insulina»), y con los años el páncreas se va cansando de producirla. Está muy relacionada con el peso, la alimentación, el sedentarismo y también con la genética. Por eso, la diabetes tipo 2 no aparece simplemente por «comer demasiado azúcar». Es una enfermedad mucho más compleja, pero comer saludablemente y hacer ejercicio pueden ser la diferencia entre tenerla o no.
Diabetes gestacional y otras: la diabetes gestacional aparece durante el embarazo y puede afectar al bebé y el parto. Y otras formas menos frecuentes relacionadas con determinadas enfermedades, alteraciones genéticas o algunos medicamentos.
¿Por qué es importante detectarla, aunque no tengas síntomas?
Aquí está el punto que más me gustaría que te quedara claro: la diabetes tipo 2 puede estar presente en tu cuerpo durante años sin darte ninguna señal. No duele, no siempre da sed excesiva ni ganas de orinar mucho (esos síntomas suelen aparecer cuando el azúcar ya está bastante alta). Mucha gente se entera por un examen de rutina, no porque se sintiera mal. Pero no debes esperar a sentirte mal para controlar tu azúcar.
Y el problema no es solo el número en el examen de laboratorio. Es lo que ese azúcar alto, sostenido en el tiempo, le va haciendo silenciosamente a tu cuerpo:
- Al corazón y los vasos sanguíneos, aumentando el riesgo de infarto y de enfermedad cerebrovascular.
- A los riñones, pudiendo llevar a insuficiencia renal.
- A los ojos, afectando la retina y la visión.
- A los nervios de pies y manos, causando hormigueo, adormecimiento o heridas que no sanan bien.
Sentirte bien no siempre significa que tu azúcar esté bien.
Cuanto más tiempo pasa una persona con diabetes sin diagnosticar y sin tratar, peores tienden a ser estos resultados. Por eso el diagnóstico temprano no es un detalle menor: es lo que marca la diferencia entre prevenir complicaciones o solo tratarlas cuando ya aparecieron.
Detectar la diabetes a tiempo, controlar adecuadamente el azúcar, la presión arterial y el colesterol, mantener una alimentación saludable, realizar actividad física y recibir el tratamiento adecuado puede reducir considerablemente estos riesgos.
¿Quiénes tienen más riesgo?
Algunas cosas aumentan la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2:
- Tener familiares directos (papá, mamá, hermanos) con diabetes.
- Tener sobrepeso u obesidad, especialmente grasa acumulada en el abdomen.
- Llevar una vida sedentaria.
- Haber tenido diabetes gestacional en algún embarazo.
- Tener presión arterial alta o colesterol alterado.
- Pasar de los 45 años.

Si te identificas con uno o varios de estos puntos, no es motivo de alarma, pero sí una buena razón para hacerte un chequeo.
Actualmente, tratar la diabetes no consiste solamente en bajar el azúcar: buscamos también proteger tu corazón, tus riñones, tus ojos y tus vasos sanguíneos para que puedas mantener una buena calidad de vida durante muchos años.
¿Cómo se detecta?
Es más sencillo de lo que muchos piensan. Con un simple examen de sangre se puede saber si tienes diabetes, prediabetes (un estado intermedio, todavía reversible) o si todo está normal. Las pruebas más usadas son la glicemia en ayunas y la hemoglobina glucosilada (HbA1c), que muestra el promedio de azúcar en sangre de los últimos meses.
La buena noticia

La diabetes tipo 2 se puede prevenir en muchos casos, y cuando ya está presente, se puede controlar muy bien con el tratamiento adecuado y cambios en el estilo de vida. Comer de forma balanceada, moverte más, dormir bien y mantener un seguimiento médico regular hacen una diferencia enorme en cómo vas a vivir con o sin esta condición.
No se trata de vivir con miedo al azúcar, sino de conocer tu cuerpo y actuar a tiempo.
¿Hace cuánto no te haces un chequeo de glicemia? Si tienes factores de riesgo, o simplemente quieres estar tranquilo, te invito a agendar una valoración en el consultorio. Revisamos juntos tu historia, tus exámenes y armamos un plan que se ajuste a ti.
En el próximo artículo hablaremos precisamente de una etapa en la que todavía podemos hacer muchísimo para cambiar el futuro:
Prediabetes: qué significa y qué puedes hacer para evitar que avance a diabetes tipo 2.
En la consulta de Medicina Familiar de la Dra. Angélica Granados el objetivo no es solo controlar las cifras de azúcar, sino acompañar a cada paciente de forma integral para prevenir, identificar sus factores de riesgo y acompañarle en la prevención de enfermedades antes de que aparezcan complicaciones. Si vive en La Mesa, Cundinamarca, o en municipios cercanos como Anapoima, El Colegio, Tena, San Antonio del Tequendama o Cachipay, un control médico periódico puede marcar una diferencia importante en tu salud y calidad de vida.